domingo, 6 de junio de 2010

Indefensos ante las tragedias

l paso de la tormenta Ágatha, con su secuela de muerte y destrucción, y la violenta erupción del Volcán de Pacaya pusieron de manifiesto que Guatemala sigue siendo un territorio vulnerable a los fenómenos de la naturaleza.

POR LA REDACCIÓN

El país se encuentra en una región geográfica que es azotada cada año por tormentas y huracanes, sismos de regular magnitud, terremotos y largos períodos de sequía, a lo que se suma que muchos de sus habitantes viven en zonas de alto riesgo, como laderas u orillas de los ríos.

Ágatha dejó 172 muertos, 101 desaparecidos y pérdidas económicas aún no cuantificadas en infraestructura pública, viviendas y cultivos, e hizo recordar los destrozos causados en 1998 por el huracán Mitch, y los que también ocasionó la tormenta Stan, en el 2005, que requirieron de millonarios recursos para la reconstrucción.

Por su parte, el Pacaya únicamente cobró la vida de una persona, pero la eventualidad de nuevas erupciones está latente y sus ríos de lava amenazan a varios caseríos donde residen cientos de pobladores, muchos de los cuales también han perdido sus cosechas.

Pero las amenazas a este país, de 13 millones de habitantes, no solo provienen de erupciones o tormentas, sino de fuertes sismos o terremotos, debido a que el territorio se asienta sobre las placas tectónicas de Norteamérica, Cocos y Caribe.

El choque de esas placas originó, el 4 de enero de 1976, un sismo de 7.6 grados en la escala de Richter, que dejó 23 mil muertos.

Aunque ese evento ha sido uno de los más catastróficos, la vulnerabilidad del país no ha hecho más que crecer, como lo refleja un informe del 2009 auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas.

El documento señala: “Guatemala es uno de los pocos países en el cual convergen tres placas tectónicas, registra aproximadamente 288 volcanes y estructuras de origen volcánico, ocho de los cuales reportan actividad (...), es propenso al impacto de fenómenos de origen hidrometeorológico, depresiones tropicales y huracanes, así como incendios forestales, heladas, sequías y deslizamientos”.

Pero los eventos naturales que han afectado a los guatemaltecos en los últimos años han estado marcados por el cambio climático, como quedó evidenciado en la reunión que se celebró en Copenhague, Dinamarca, en noviembre del 2009, de donde surgió una nueva voz de alarma para nuestro país, al ser incluido en una lista de 10 naciones donde las variaciones climáticas ponían en peligro a miles de habitantes debido a inminentes hambrunas o desastres.

Esto también tuvo su contraparte en el informe de la Comisión Presidencial sobre Derechos Humanos, que señalaba, en el 2009: “Guatemala ha sufrido en los últimos años los impactos del exceso de precipitaciones pluviales y episodios de sequía. Estos eventos han dado como resultado la pérdida de ecosistemas, la reducción de la calidad y disponibilidad de recursos hídricos, a la par de enfermedades respiratorias e intestinales”.

Florentín Martínez, experto del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, expresa que más del 50 por ciento de los guatemaltecos que viven bajo la línea de pobreza se encuentran expuestos a situaciones de desastre.

“Es un círculo vicioso. Hay gente que no tiene un empleo digno, pero necesita tener una vivienda, y como no puede adquirirla en zonas que son seguras y tienen todos los servicios, se van a zonas de riesgo”, señaló.

Martínez declara que anualmente se constituyen unos 30 mil nuevos hogares, pero que no tienen dónde vivir, por lo que se trasladan a las zonas de riesgo, algo para lo que no ha habido una respuesta satisfactoria durante los últimos gobiernos, pese a estar presente en cada campaña electoral, en un país con un déficit de más de un millón de viviendas.

Martínez agrega: “Esas personas se van a zonas donde hay barrancos o a las orillas de los ríos, y cuando viene la lluvia, se producen deslaves que sepultan caseríos y comunidades, o desbordamientos, que todo lo arrasan”.

Carlos Leonel Pérez, geólogo, agrega que no hay educación suficiente para que las personas conozcan los riesgos de habitar en lugares inadecuados.

“Es por eso que vemos en todos los barrancos de la Ciudad de Guatemala una gran cantidad de construcciones que son de alto riesgo. Generalmente, en momentos de tranquilidad, no nos damos cuenta de la amenaza que conllevan esos terrenos, pero cuando vienen los sismos o la lluvia es cuando realmente le ponemos atención a esto”, consideró el experto.

Las mismas autoridades han reconocido esas vulnerabilidades, pero con el argumento de la posición geográfica del país, parece normal que las tragedias sean inevitables, sin profundizar en la integralidad de la prevención.

Para los expertos es vital que los ministerios de Ambiente y Educación asuman un rol determinante en impulsar campañas educativas que contribuyan a generar mayor responsabilidad de los ciudadanos con su entorno, porque no se puede seguir deforestando el país o dejando que los ríos se conviertan en basureros, algo por lo que se paga un alto costo.

Grandes masas de agua

Carlos Salvatierra, ecologista, declara que Guatemala está en una zona de alto riesgo, porque se encuentra entre dos masas de agua, los océanos Pacífico y Atlántico, donde anualmente se forma gran cantidad de tormentas y huracanes.

Sin embargo, señala que a eso se debe agregar lo que llamó“vulnerabilidad construida”, y que tiene que ver con la pobreza y el hecho de que los pobladores más pobres habiten en las zonas de más riesgo.

Salvatierra considera, también, que debe tomarse en cuenta la topografía del país, que es muy quebrada, con lugares de altas pendientes, donde la gente cultiva y vive.

El ambientalista no cree que en el corto plazo se vayan a tomar acciones por parte del Estado que reviertan esas vulnerabilidades, pero sí destaca que la gente esté informada sobre cuándo van a ocurrir fenómenos, y entonces eso le permita tomar previsiones.

“Hoy, con Ágatha, hemos tenido menos muertos que con Mitch o con Stan, y eso quiere decir que las comunidades están aprendiendo cómo reaccionar a esos fenómenos”, señala Salvatierra.

“Va a ser la sociedad en general la que va a tener que reaccionar, las comunidades, porque el Gobierno tiene muchas limitaciones, y no creo que haya mucha esperanza en ese sentido”, advierte.

Declara que hay que tener en cuenta que Ágatha fue la primera de las tormentas del 2010. “Sin embargo, se pronostican muchas más tormentas o huracanes para este año; creo que entre 13 y 17”, afirma.

Pide emergencia

Luis Ferraté, ministro de Ambiente y Recursos Naturales, considera que Guatemala está en una ruta donde convergen fenómenos y accidentes geográficos que generan gran liberación de energía; entre ellos menciona volcanes, huracanes, fallas geológicas y la degradación del ambiente, pero también cree indispensable declarar una emergencia nacional forestal, como medio para comenzar a revertir los efectos de la destrucción de los bosques y el medioambiente.

Ferraté declara: “Es necesario mantener y ampliar el sistema guatemalteco de áreas protegidas, que ahora es de 32 por ciento del territorio; reforestar las cuencas degradadas, especialmente las altas, y declarar de emergencia nacional la reforestación”.

El funcionario aboga, además, por la aprobación de 21 leyes que, afirma, están presentadas desde hace un año en el Congreso, referidas a ambiente, cambio climático, manejo de desechos sólidos, regulación de la minería y otras relacionadas con servicios naturales.

Ferraté es enfático al afirmar que se deben socializar los beneficios y privatizar las pérdidas, porque asegura que los que contaminan deben pagar. “Ahora es al revés, se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias. Los que contaminan los ríos con sus fábricas o desechos son los que ganan, y la sociedad paga esas pérdidas ambientales”, declara.

El funcionario agrega que todos los poderes del Estado se deben involucrar en la defensa del ambiente, incluida la Policía, así como los ciudadanos, para detener el efecto de los fenómenos de la naturaleza.

También acusa a los países industrializados de ser los principales responsables de la degradación del ambiente, pues son los que producen la mayor cantidad de gases de tipo invernadero.

Institucionalidad débil

Édgar Balsells, director para Guatemala del Banco Centroamericano de Integración Económica, lanza críticas sobre cómo el Estado ha afrontado la vulnerabilidad en toda la región.

Lamenta que los gobiernos, a partir del establecimiento de la democracia, siguieran al pie de la letra las recomendaciones hechas por organismos como el Banco Mundial y las políticas neoliberales.

“Incluso con los militares se tenía una institucionalidad más fuerte para llevar a cabo políticas públicas, con un costo en lo democrático”, comenta Balsells, quien agrega que eso luego cambió para privilegiar al mercado, en menoscabo del Estado.

Balsells destaca el hecho de que en Guatemala hay un Estado mínimo, donde se paga una carga tributaria que considera risible, de solo 9 por ciento del PIB.

Por otra parte, afirma que el BCIE está listo para ayudar a sobrellevar la tragedia causada por Ágatha.

“Ayer se dio la primera ayuda, de US$250 mil. Adicionalmente, tenemos un programa aplicado a Chimaltenango, Sololá y Totonicapán, de US$30 millones, y ahora estamos planteando un programa de apoyo a infraestructura de emergencia, reconstrucción de puentes, que puede alcanzar hasta US$400 millones”, apunta Balsells.

Historia sin fin

Pero más allá de las recomendaciones y planes gubernamentales por reducir el efecto de los embates de la naturaleza, las tragedias se repiten, y sigue la amenaza.

El director del Instituto Nacional de Vulcanología, Sismología, Meteorología e Hidrología, Eddy Sánchez, es categórico, y advierte que hay que prepararse para otras situaciones de emergencia.

“Del lado del Caribe vienen este año entre 17 y 23 tormentas. De esas, 14 se van a convertir en tormentas tropicales, siete podrían volverse huracanes y cuatro superhuracanes. Del lado del Pacífico, llegarán entre 11 y 14 tormentas tropicales. El panorama no puede ser más dramático”, puntualiza.